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miércoles, 9 de marzo de 2016

La resaca del BBF16... Y no precisamente por disfrutar de la birra...

Vaya por delante una sola cosa: esta es MI opinión sobre la quinta edición del Barcelona Beer Festival celebrada este año. Solo eso. Mi opinión. Como tal, puede estar equivocada...

No, equivocada nunca. Las opiniones ni aciertan ni se equivocan, solo reflejan la percepción subjetiva que se tiene sobre algo. Puede que mi opinión difiera de la de otras personas. Posiblemente su experiencia también difiera de la mía.

Y que quede claro que mi experiencia se circunscribe a lo que viví el único día que pude visitar el festival, el domingo. Eso no sirve ni de excusa ni de agravante: es solo un hecho que creo se debería tener en cuenta.

Al tajo...


Antecedentes: La Ronda #39


Previa a la celebración del evento, la organización solicitó la colaboración de diversos blogueros para publicitarlo, dedicando entradas en la iniciativa colaborativa conocida como La Ronda. Para ello, recibimos un listado de las cervezas participantes, para que pudiésemos elegir de cuales hablar cada uno de nosotros.

Al echar un vistazo al listado me di cuenta de algo que me inquietó bastante... La participación de cervezas catalanas o españolas era muy baja. Me inquietó, pero no le di demasiada importancia. Estaba más centrado en mi colaboración.

Y sin embargo, seguía apostando por festival...


Una App decepcionante


La víspera de mi asistencia al BBF, un cliente de confianza, a la sazón mi cuñado, me informó de la existencia de una aplicación para móvil que permitía un seguimiento de los tiradores y las cervezas pinchadas en todo momento. Me animo y entro en la Playstore de Google para descargarla. Mientras se descarga me entretengo en leer los comentarios. Negativos. Casi todos. La gran mayoría se quejan de que no está en catalán. Bueno, pienso yo, es motivo de queja pero no creo que sea para tanto. Hay también comentarios que se quejan de su lentitud. Y uno muy animado de un usuario cuyo nombre no revelaré, pero que parece muy entusiasmado porque detecta el lenguaje del sistema.

Lo acabo de instalar y lo arranco.

Primera sorpresa... Es muy lento en todo. Vamos a ver, mi terminal no es de última generación, pero es un Galaxy S5... Y el programa va más lento que algunos juegos potentes y exigentes en gráficos... Hasta el punto de creer que la interfaz táctil no funciona.

Segunda sorpresa... La interfaz está en inglés... Sí, sí, en inglés... Ni catalán, ni castellano...

Tercera sorpresa... Las descripciones de las cervezas sí que están en el lenguaje de sistema del terminal (catalán en mi caso), pero los mensajes del sistema del programa están... En castellano...

En fin, una App decepcionante, y con poco uso real, ya que si quieres saber la cerveza que hay pinchada en cada tirador... Es porque estás en el recinto... Y la pizarra era bastante visible... ¿Se pensó tal vez como complemento del libreto, o como su substituto, ya que incluía la información de las cervezas pinchadas? Vale. No voy a entrar a valorar su utilidad. Pero su funcionalidad dejaba mucho que desear.


Entrada para profesionales: buena idea, con un desarrollo insuficiente


Este año la entrada para profesionales tenía en cuenta la necesidad del empresario del sector de catar muchas cervezas sin perder la objetividad. Para ello, contaban con una copa más pequeña con la que podían catar una cantidad de cerveza inferior a la del público en general, a un precio también más reducido. Además de poder acceder a las áreas y actividades exclusivas destinadas a aquellos que tienen en la cerveza un interés económico.

Gran idea.

Lo que no me parece tan grande es que la entrada para profesionales estuviese limitada a aquellos que podían acceder los tres días, no contemplándose la posibilidad de que algunos de estos profesionales no pudiesen hacerlo. Creo que no hubiese costado demasiado ofrecer la posibilidad de contar con el mismo trato aunque solo visitases el Festival uno solo de los días... Sin tener que pagar por los tres.

Algo a tener en cuenta para el futuro...

¿Barcelona? Beer Festival


Cualquier al leer este titular, seguido por el subtítulo Festival de Cervesa Artesana, pensaría en que la presencia de cerveza artesana procedente de la provincia que le da nombre sería mayoritaria...

Pero la dolorosa realidad es que solo el 13,5% de las cervezas presentadas eran producidas en Barcelona o provincia, o lo que es lo mismo, cuarenta y nueve de trescientas sesenta y una. Proporción que sube a un 19'7% si contabilizamos todas las cervezas catalanas en su conjunto (setenta y dos referencias).

¿Supone este hecho por sí mismo una razón de queja? Puede que no, o al menos no para mucha gente, que tiene la posibilidad de conocer el producto de ámbito local visitando las ferias que se celebran con cada vez mayor frecuencia y presencia de cerveceros artesanos... Y que lo que buscan es catar buenas cervezas internacionales, amparadas por marcas de renombre y bien puntuadas en Ratebeer y similares.

Pero personalmente lo encuentro bastante molesto, la verdad. Sobre todo si tenemos en cuenta que de los tiradores fijos, donde solo se pinchaban cervezas de una marca o referencia concreta, los dedicados a las marcas locales eran minoría.

No creo que buscar una paridad entre las cervezas locales y las de importación pueda resultar negativo para el sector. Sobre todo si, por ejemplo y para fomentar la presencia de novedades para el público especializado, y teniendo en cuenta que el BBF es el primer gran evento cervecero del año, se pactase con los cerveceros la presentación de nuevas recetas en exclusiva.

Pero claro, es solo un punto de vista parcial.


¿Cerveza mediocre, o barriles en mal estado?


Hay una cosa que tengo muy clara como comerciante: Si una cerveza no está en condiciones para su venta, la retiro. Me da igual si la culpa es del fabricante, del distribuidor, del almacenaje o de los putos gremmlins... Vender cerveza en mal estado perjudica al vendedor, a la marca y al sector.

Por eso yo la retiro de la venta. Y contacto con distribuidor y fabricante para informarles y saber qué ha pasado y qué pasará. Dependiendo de las respuestas, las decisiones a tomar pueden variar.

Suponiendo que esta es la actitud que debería imperar entre cualquier profesional del sector que se precie de serlo...

¿Por qué coño me tuve que tragar tres birras mediocres, dos de ellas completamente planas (que se fueron por el desagüe del lava vasos), la tercera sencillamente mala por diseño, una que ni fu ni fa, aunque la firmase De Molen y tenga un 99 en Ratebeer (esto es subjetivo, pero bueno, fue una chinita más), y solo dos de las siete cervezas que caté eran medianamente decentes?

Por un lado, deja en muy mal lugar el criterio de selección utilizado. No hay forma de saber si el producto que se seleccionó carecía de la calidad mínima indispensable en primer lugar, o si sencillamente es que los barriles estaban en mal estado, o había algún problema con los tiradores.

Por otro, deja en muy mal lugar la profesionalidad de la organización, vendiendo (sí, no olvidemos que cada fichita costaba un euro) cerveza de calidad deficiente (que una cerveza está plana se ve al servirla... no hace falta ser un experto para darse cuenta, y no, eso no se puede debe vender). Esto le pasa a un bar y se va a la mierda en dos meses... Pero claro, había más cervezas para probar, ¿verdad? ¿Qué más da si hay unas cuantas malas? ¡Será culpa del fabricante!

Pues no. No estoy de acuerdo.

Un festival que presume de excelencia, ha de buscarla en todos y cada uno de los aspecto relativos al desarrollo del mismo.

Me niego a creer que un cervecero, siendo conocedor de que su producto no está en buenas condiciones, lo envíe como si tal a un evento con tanta visibilidad mediática como el BBF. Sobre todo por lo poco que cuesta forzar la carbonatación de un par de barriles para salvar la cara. Y que conste que me refiero solo al hecho de que estuviesen mal carbonatadas... Si las recetas eran mediocres de entrada, la responsabilidad tampoco recae sobre el cervecero (que a lo mejor no da para más y está convencido de que su birra es cojonuda), sino sobre el criterio de selección previa.

En cualquier caso, el único responsable de que se sirviesen cervezas en mal estado o con una calidad por debajo de la media, es la organización. No hay que mirar para otro lado ni buscar culpables. Solo responsables, que no es lo mismo. Responsables que deberían haber parado el servicio de esas cervezas en cuanto se vio que no estaban en condiciones óptimas de servicio, ya fuese por indicación de alguno de los asistentes, por apreciación empírica (repito: una cerveza plana se ve al servirla, tanto en la formación de la espuma, como en la cara del que se lleva el vaso) o por prueba in situ de alguno de los colaboradores (algo que debería ser una obligación cada vez que se cambia el barril, desde mi punto de vista, claro).


Quejas, quejas, quejas...


Parecería por mis palabras que solo tengo quejas sobre el Barcelona Beer Festival...

Y vive Byggvir que el domingo así fue... Llegué a casa muy, muy cabreado... Tan cabreado, que para desconectar de todo decidí ver la preview de Macross Delta (mis aficiones y frikismos no vienen a cuenta... excepto para dejar constancia de que necesité desconectar de forma total y absoluta para evitar ponerme a vomitar bilis en estas mismas líneas). Vale, leído lo leído, funcionó bastante bien (ya os haré un comentario sobre la preview en mi Facebook personal, por si os interesa). Me relajó lo suficiente como para pensar en buscar explicaciones lógicas más allá de lo obvio, y para decidirme a utilizar un lenguaje y un tono proactivo en lugar de lanzar varias toneladas de termobáricas metafóricas contra la organización, sazonadas con bilis y veneno de Conus Purpurascens...

Gracias a esta desconexión forzada, a posteriori logré racionalizar parte de mi descontento, darle una vuelta a los hechos y verlo desde una perspectiva distinta.

Y así las quejas se convierten en críticas, que aunque puedan parecerlo, no son lo mismo que las quejas.

El BBF es un evento que sigue creciendo. Y estoy convencido de que, por desgracia, crece mucho más deprisa de lo que la capacidad organizativa actual de los conductores del certamen les permite si, de verdad, quieren mantener un control y un nivel de excelencia a la altura del nombre.

Sí, se cometieron errores. Sí, fueron muy grandes (desde mi punto de vista). Sí, se dejaron cosas en el tintero. Sí, todavía estamos a tiempo de corregirlo de cara a nuevas ediciones.

Para eso debemos tener en cuenta todos los fallos que se produjeron, ponerlos en perspectiva y buscar la forma más eficaz de solucionarlos.

Y he dicho la más eficaz. No la mejor, ni la más satisfactoria.

Porque la satisfacción es algo subjetivo. Y puede que mucha gente saliese satisfecha del Festival, pese a los errores (curioso, el corrector ortográfico me ha escrito horrores, ¿me estará leyendo la mente?). Pero guiarse solo por su grado de satisfacción, negando los hechos objetivos, solo serviría para que los errores que yo sufrí se perpetúen y repitan ad eternum.

Y eso, estoy muy seguro, en un futuro podría pasar factura al Festival, y por ende, al sector.

¿Cómo arreglaría yo lo que me sacó de quicio el domingo?

No lo sé. No estoy al corriente ni de los esfuerzos ni de los medios con que cuenta la organización. Ni de los criterios seguidos, ni de los compromisos comerciales, ni de tantos y tantos detalles que pueden condicionar uno o varios de los puntos negativos que os he mencionado.

Pero está claro que hay muchas cosas que se tienen que arreglar todavía. Hay mucho trabajo que hacer, muchas decisiones que tomar, y todo un año para hacer los cambios que sean necesarios.

Siempre que las críticas no caigan en saco roto.

Salus et Birras...

By Mikel...